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«Chat, búscame un precedente»: el abogado que confió en la IA y terminó sentenciado una prueba

Hay días en los que ejercer la abogacía es duro. Y hay días en los que uno se complica solo: citó seis sentencias que la inteligencia artificial se había inventado.

FARedacción Fuera de Acta11 de agosto de 20266 min de lectura
Un teléfono con un asistente de inteligencia artificial abierto

Imagen de archivo de Fuera de Acta.

Hay días en los que el ejercicio de la abogacía es duro: horas estudiando tomos infumables, repasando jurisprudencia y buscando ese precedente que sostenga el caso. Y hay días en los que uno se complica solo.

Eso es exactamente lo que le ocurrió a un letrado que decidió que la inteligencia artificial le ahorraría la parte tediosa del trabajo. Le pidió precedentes. La herramienta se los dio: seis sentencias, con sus números de recurso, sus fechas y sus salas. Impecables. Y falsas.

El problema no fue usar la herramienta. Fue no comprobar ni una sola de las seis citas antes de presentarlas ante un tribunal.

Qué falló exactamente

Los modelos de lenguaje no consultan una base de datos jurídica: generan el texto más probable. Si le pides una sentencia que respalde tu tesis, te la construye con una verosimilitud notable. El formato es correcto, la redacción suena a resolución judicial y las referencias parecen reales.

La parte contraria intentó localizar las resoluciones citadas. No aparecían por ninguna parte. El tribunal pidió explicaciones y el letrado reconoció que no había verificado el resultado.

Las consecuencias

  • Sanción económica y condena en costas.
  • Traslado del expediente al colegio profesional correspondiente.
  • El daño reputacional, que no aparece en ninguna resolución pero es el más caro de todos.

Cómo usarla sin acabar así

La lección no es prescindir de la inteligencia artificial. Es tratarla como lo que es: un becario muy rápido, con buena redacción y sin ninguna noción de responsabilidad. Útil para ordenar ideas, resumir documentos largos o redactar un primer borrador. Inservible como fuente.

Toda cita se comprueba en la fuente oficial antes de salir del despacho. Siempre, sin excepciones. Y si la herramienta no puede decirte de dónde ha sacado un dato, ese dato no existe hasta que tú lo encuentres.

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